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Mezcal
Malacara

Una bebida ancestral que se elabora de acuerdo a la tradición y se envasa para compartir. No quiso esconderse ni ser descubierto: este mezcal es un hallazgo que estuvo siempre a la vista.

Elaborado como tributo a Don Silvestre Malacara, quien lejos de su tierra natal, encontró en Oaxaca algo más grande que todos los tesoros de Monte Albán.

Mezcal
Malacara

Una bebida ancestral que se elabora de acuerdo a la tradición y se envasa para compartir. No quiso esconderse ni ser descubierto: este mezcal es un hallazgo que estuvo siempre a la vista.

Elaborado como tributo a Don Silvestre Malacara, quien lejos de su tierra natal, encontró en Oaxaca algo más grande que todos los tesoros de Monte Albán.

 

EL MEZCAL

Mezcal joven. Destilado translúcido con reflejos plateados.

Notas frescas, principalmente herbales y cítricas; pasto verde, té limón, cedrón, cáscara de toronja y piña.

Al gusto, su primer ataque es amable y la percepción alcohólica ligera; deja una sensación cálida después del trago y en el retrogusto persiste el dulzor de agave cocido y los aromas herbales que refrescan y limpian el paladar.

Hecho como lo hacían antes y aún es posible encontrarlo hoy.

  • Elaborado en Santiago Matatlán, Oaxaca 16°51′53″N 96°23′01″O
  • Maestro Mezcalero: Armando Hernández Lorenzo
  • Agave: 100% espadín
  • Graduación 40.7º
  • Molienda: piedra tirada por caballo
  • Cocimiento: horno cónico de leña
  • Fermentación: en tinas de madera
  • Destilación en cobre

La leyenda

Nació en una familia de mineros provenientes de España, dueños de la Mina San Pedro y San Pablo, en Monterrey, Nuevo León.

Silvestre nunca supo quién fue su padre, por lo que al cumplir 16 años, emprendió un viaje para encontrar sus raíces. Se dice que llevaba consigo el único objeto que lo vinculaba con su pasado desconocido: una máscara mixteca que se cuenta le sirvió como guía durante la travesía.

El viaje lo llevó hasta Oaxaca, lugar donde se enamoró del mezcal. Se cree que vivió en diferentes comunidades de los Valles Centrales hasta 1932, año en que su amigo, el Arqueólogo Alfonso Caso, hizo un gran hallazgo en Montealbán. El oro y el jade encontrados le hicieron recordar su infancia minera, por lo que decide llevar a su tierra y a todo México, lo que para él era el tesoro más grande jamás encontrado en Oaxaca: El delicado elixir del agave.